Diferenciación salarial

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El cambio para eliminar la discriminación económica puede empezar por voluntad.

Dos personas que realizan el mismo trabajo y que merecen el mismo mérito al realizarlo merecen un sueldo idéntico. ¿Qué podría ameritar que uno gane más que otro? Según la Encuesta Nacional de Empleos, realizada en 2012, el género de la persona influye en si gana más o menos por el mismo trabajo.

Suena a cosa del siglo pasado, pero es algo real y actual. Según la encuesta, en el área metropolitana, el promedio de ingreso de un hombre asalariado es Q3,000, mientras el de una mujer asalariada es Q2,400. Una diferencia de 20% es digna de notar. En el interior de la república la diferencia es menor. Tanto en área urbana como rural la diferencia entre los promedios es la misma: Q100. Diferencia casi simbólica pero que evidencia un entorno laboral discriminatorio hacia las mujeres.

Podríamos aducir que los trabajos tradicionalmente femeninos tienen una remuneración menor que los masculinos. Sin embargo, esto niega la realidad de que todo trabajo puede ser realizado tanto por mujeres como por hombres. Podría aducirse que una mujer representa más problemas a los empleadores que un hombre. El embarazo es un factor de riesgo en la vida laboral de una mujer, no solo por el descanso pre y post natal requerido e innegable, también porque suele ser ella quien se encarga del cuidado de los hijos a tiempo completo. Paguémosle menos, de todas formas renunciará cuando se case y tenga hijos. Suena a discriminación.

Es necesario promover una igualdad en remuneración por igual trabajo. En Estados Unidos existe una ley que dictamina que el salario de un hombre y una mujer, en igualdad de circunstancias, no puede ser distinto. No sustituye un beneficio con otro, no pide que las mujeres ganen más por ser mujeres. Rectifica legalmente una práctica laboral común que discrimina, económicamente, según su género.

Lo ideal sería no necesitar una ley que nos recuerde que igual trabajo merece la misma remuneración. El cambio para eliminar este tipo de discriminación económica puede empezar por nuestra propia voluntad. Voluntad de los empleadores de no caer en esta discriminación salarial, cuando realizan el mismo trabajo. Voluntad de los empleados y empleadas para no permitir que esto suceda. Suena mucho más fácil de lo que en realidad es, por supuesto, pero me gusta pensar que somos capaces de realizar un cambio sin necesidad de esperar que una ley nos lo ordene.

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