Reformar para prevenir. (Parte 1 de 2)

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En el marco del día internacional de la no violencia en el próximo 25 de noviembre, es apropiado reflexionar al respecto de las diferentes formas en que la violencia nos rodea. Reflexionar al respecto de la violencia que deben sufrir las mujeres en nuestra sociedad, solo por el hecho de ser mujeres, hace que voltee la mirada hacia otra parte de la población en iguales condiciones de desamparo y vulnerabilidad, la niñez.

 

No es secreto que la niñez de Guatemala tiene ante si un cúmulo de problemas sociales. Es la niñez el grupo etario más susceptible ante la violencia que se ha enraizado en nuestra sociedad. La violencia los alcanza sin que muchas veces sean capaces de saber como reaccionar. La inocencia propia de su edad los protege y los desarma al mismo tiempo. Por eso mismo es necesario que se puedan establecer formas de protegerlos, espacios seguros en los que se les permita un desarrollo personal sano.

 

Idealmente, la forma institucionalizada en que esto sucede es la escuela. El conocimiento, como herramienta para enfrentar la realidad, es la base sobre la que se funda la idea de las escuelas. Es en este ámbito académico en que institucionalmente se puede ayudar a niñas y niños. Cuando la violencia los alcanza, incluso en el hogar, la escuela debería de proveer un espacio en el que se puedan sentir seguros, un lugar al que puedan acudir por ayuda. Sin embargo, muchas veces la violencia la sufren dentro de esta misma institución, dentro de la misma escuela.

 

La violencia escolar en sus diferentes formas es un flagelo al que hay que ponerle especial atención. Muchos niños y muchas niñas han sufrido, aun sufren, algún tipo de violencia en la escuela. El acoso escolar, identificado en los últimos años con el vocablo inglés bullying, es uno de las principales formas de violencia a la que las niñas y niños se enfrentan dentro del ámbito escolar. Sin embargo también sufren de violencia sexual, especialmente las niñas. La violencia sexual es una forma de violencia que hasta hace muy poco empezó a ser discutida. Los tabús de una sociedad patriarcal han hecho que estos casos sean muy poco discutidos, invisibilizados bajo el manto del silencio, haciendo que sea muy difícil no solo identificar el problema sino eliminarlo.

 

¿Qué hacer en estos casos? Los responsables de la seguridad de cada niña y niño deben de ser las instituciones a cargo de la niñez, en este caso el sistema educativo.  Por eso es imperativo que se reconozca la responsabilidad estatal en estos casos. No solo en cuanto al castigo de victimario y ayuda a las victimas, más importante aún en la prevención. Paradójicamente, la mejor forma de prevenir, y eventualmente eliminar, es mediante la educación.

 

Ante esta situación, nuestra ong MIA, Mujeres Iniciando en las Américas, decidió hacer algo. Reconociendo la necesidad de que existan políticas institucionales para lidiar con los casos de abuso, de violencia, escolar. Gracias a la ayuda del abogado Álvaro Castellanos, MIA entró en contacto con Bienvenido Argueta, un reconocido académico y pedagogo. Gracias a su asesoría y respaldo, MIA redacto una propuesta para la reforma del decreto 12-91, de la Ley de Educación, que pretende proteger a los menores de abusos sexuales y del acoso escolar, mediante la implementación de métodos de prevención y tratamiento, que aseguren su bienestar dentro del aula. Con la propuesta redactada, MIA entro en contacto con la bancada Encuentro por Guatemala, específicamente con Nineth Montenegro, para poder promover la reforma y que esta llegara a concretarse.

 

Esta iniciativa busca que se establezcan mecanismos que identifiquen cualquier tipo de abuso y que además les den el seguimiento necesario para referirlo los casos en las instituciones correspondientes. Estos mecanismos deben establecerse desde dentro de la escuela. La idea es que existan permanentemente en cada escuela formas de identificar y tratar con las diferentes formas de abuso. El hecho de que sea desde la escuela el esfuerzo permite que se agilice el trabajo. Es decir, se evitan retrasos burocráticos y se puede actuar mucho antes y con mayor eficiencia. La idea es asegurar la protección y el bienestar físico y psicológico de los niños y las niñas.

 

El ministerio de educación cuenta con protocolos para situaciones de abuso en la escuelas. Sin embargo no se implementan. La iniciativa de reforma busca crear de la misma forma mecanismos que obliguen a la implementación de los planes. Lo importante a fin de cuentas es que la voluntado política se traduzca en acciones reales que beneficien a quienes deben beneficiar, que beneficien a la niñez, creando con el tiempo un espacio en libre de violencia de cualquier tipo. Surge la pregunta desesperanzadora, pero necesaria, de si esta reforma será solo una de esas paginas aprobadas y engavetadas que se olvidan y nunca se implementan. De todos depende que no suceda, de todos depende que se implemente, se exija y se beneficie la niñez de ella.

 

Jorge Hernández
Coordinador Nuevas Masculinidades
Equipo MIA.

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