Reformar para Prevenir (parte 2 de 2)

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En la primera parte de este texto hablé sobre la responsabilidad estatal de velar por la seguridad de niñas y niños, especialmente en cuanto al abuso sexual. Los niños y niñas son la población mas vulnerable ante la violencia, por eso la obligación moral de protegerlos. Esta obligación, que es tanto estatal como ciudadana, encuentra su principal nicho de acción en la educación, ya que la educación es prevención. MIA, Mujeres Iniciando en las Américas, con el apoyo de la bancada Encuentro por Guatemala, han impulsado la reforma al decreto 12-91 de la ley de educación, precisamente porque buscan proteger a la niñez guatemalteca.

 

Esta reforma busca institucionalizar formas eficaces para lidiar con el abuso que puedan sufrir niñas y niños. En este caso enfocado a dos tipos específicos de abuso, el abuso escolar y el abuso sexual. El abuso escolar es llamado bullying, termino que es de origen ingles. El bullying se refiere a todo tipo de acciones intencionales, violentas, que un alumno ejerce sobre otro, que generalmente es incapaz de defenderse por si mismo, perjudicándolo y alienándolo del resto del grupo. El bullying puede incluir tanto violencia física como violencia psicológica. El abuso sexual lo constituyen todas esas acciones que el agresor pueda realizar para forzar a alguien a formar parte de un acto que al agresor le genere algún tipo de placer sexual. Esto incluye acciones como por ejemplo obligar a alguien a ver pornografía, tocar sin permiso el cuerpo de otra persona o la violación. A diferencia del bullying, el abuso sexual no esta restringido al ámbito académico, de la escuela, puede suceder en cualquier lugar. En ambos conceptos la idea de disparidad de poder entre victima y victimario es la clave para que suceda.

 

Como ya se mencionó, la idea es que existan permanentemente en cada escuela formas de identificar y tratar con las diferentes formas de abuso. Esta reforma esta inspirada en una ley que esta tomando auge en Estados Unidos, que es conocida como “Erin´s Law”, la Ley de Erin, en honor a la mujer que ha Luchado por que se apruebe, Erin Merryn.

 

Erin Merryn fue victima de abuso sexual en su infancia, una experiencia que la inspiró a escribir un libro con su testimonio de sufrimiento. Motivada por el sufrimiento de lo que vivió, se convirtió en una activista social que dedica su vida a educar al respecto del abuso sexual a menores y como erradicar este mal. La idea es cambiar el futuro, para que ya no haya más personas que sufran lo mismo que ella sufrió. La ley de Erin es la manifestación de este trabajo.

 

Pero, ¿que dice esta ley?. A grandes rasgos, establece que las escuelas se deben hacer responsables de ayudar a las niñas y niños a luchar en contra del abuso sexual a través de su función primaria, la educación. Es decir, la ley busca que en las escuelas se les enseñe a niñas y niños a identificar que es el acoso sexual y que hacer en caso se sufra de acoso sexual. Lo primero que la Ley de Erin establece es la creación de una entidad que estudie que es lo que debe de ser enseñado y también como debe de ser enseñado, se crearía un currículo para la enseñanza.   Lo segundo es la implementación de dicho currículo en las escuelas, de forma sistemática y permanente. La reforma del decreto 12-91 de la Ley de educación, que promueve MIA y la bancada Encuentro por Guatemala, busca precisamente eso. En el caso de Guatemala, la entidad que se encargaría de crear este currículo seria MIA, una vez que el congreso aprobara la reforma.

 

Guatemala es un país sísmico. Vivimos bajo la constante amenaza de movimientos telúricos, impredecibles y de nefastas consecuencias. Por eso en muchas escuelas se les enseña a los niños y niñas que hacer en caso de sismo. Se les enseña que el orden y la calma son esenciales en una situación de crisis y que eso puede ser lo que le salve la vida. Hace poco tiempo pude presenciar como los estudiantes de una escuela aplicaban esta enseñanza, al salir de sus salones en calma y orden cuando la tierra empezó a temblar. Temblaba y todos los alumnos salieron exactamente de la forma en que se les enseñó que era la forma mas eficiente de actuar ante tal situación. Si ante un peligro como los movimientos telúrico se les puede enseñar a niñas y niños a reaccionar de la mejor manera, ¿por qué no enseñarles también a enfrentarse a otros peligros?

 

Uno de las mas grandes barreras en la lucha en contra del abuso sexual infantil es el silencio. Nadie quiere hablar al respecto. Parece ser que ante temas tan escabrosos lo mejor es voltear la mirada, guardar silencio y pretender que no existe. Ignorar un peligro no lo neutraliza. No querer hablar de este tema hace que muchas de las victimas de abuso sexual no sepan que hacer, no sepan como reaccionar, que se avergüencen de si mismos, incluso puede llegar hasta el punto en que no sepan que está bien que pidan ayuda. ¿Cuántas niñas y cuantos niños han guardado silencio al ser abusados, porque no sabían a quien acudir por ayuda? Este es un tabú que debe romperse.

 

La reforma del decreto 12-91 de la Ley de educación busca precisamente eso, que niñas y niños sepan que hacer, a quien llamar, a quien contarle. Recordemos que el abuso suele ocurrir en ambientes que hacen que para un niño o una niña pueda ser confuso saber que hacer. La mayoría de los casos de abuso sexual a menores suceden en casa, el victimario es alguien en quien la victima confía, muchas veces familiares cercanos. Sobre todo, que sepan que el abuso sexual no es algo normal, algo que deban sufrir, sin importar quien es el agresor. El sistema educativo es el lugar perfecto para educar al respecto, porque puede trasladar a la población de manera muy eficaz cuales son los protocolos oficiales de denuncia y las formas mas eficaces de prevención.

 

Claro, no se trata de quitarle de las manos a los padres de familia la responsabilidad que tienen con sus hijos al respecto de estos temas. Se trata mas bien de establecer la cuales son las formas en que tanto padres y madres como hijos e hijas, puedan actuar y a quien acudir en caso de que suceda. La prevención primordial de estos casos recae en la educación moral y ética que la familia le provee al niño. Recordemos que la mejor forma en que los casos de abuso a menores disminuyan realmente es educando para prevenir que niñas y niños crezcan para ser abusadores. Como dijo Pitágoras, educad al niño para no castigar al adulto.

 

Jorge Hernández
Coordinador Nuevas Masculinidades
Equipo MIA

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